domingo 30 de octubre de 2011

Vida Concéntrica


(dale al play)



¿Cuánta vida cabe en una fotografía?
Un deja vu que nunca ha existido, una sensación de pérdida de lo que nunca fue mío.
Un disparo a mi memoria a largo plazo. ¿Por qué te dejé marchar?
Recuerdo que yo no era ni la mitad de lo que soy ahora. No estaba rodeada de las personas adecuadas. No sabes las vueltas que he tenido que dar al mismo círculo para darme cuenta que, en el fondo, tengo que ser yo misma. Sin maquillajes, desnuda.
Lo que me entristece es que este descubrimiento lo hice sola, sin ti. Podría haberlo hecho a tu lado, pero no sé en qué punto de mi círculo, me perdí. (Te perdí).
Y ahora tu estás en otro lado. Muy cerca de mi, pero en otro rueda. Y se te ve feliz. Mientras yo sigo buscando el hilo que me enhebre.

La foto es de aquí

miércoles 26 de octubre de 2011

Charcos


(Mira que eran buenos...)


La primera vez que me di cuenta fue hace un par de días. Me gusta tomar un café antes de entrar a trabajar. Es uno de los pocos bares en mi cuidad que lo regenta el mismo dueño de siempre. Creo que aguanta gracias a los clientes habituales, que se toman el cortado incluso sin poder fumar dentro. Suelo fijarme mucho en mis parroquianos, pero llevaba dos semanas alejada un poco de la infinita realidad, metida en mis breves laberintos cerebrales. En un momento en el que miré a un lado, vi una enorme boca roja. Estoy segura que pertenecía a una cara, pero era incapaz de diferenciarla. Mis ojos se percataron en un hilo bermellón que caía de esa boca. Se deshacía. Cada palabra que decía goteaba por sus labios. Su día, sus quejas, sus problemas, el paro, el PP, el PSOE... todo se convertía en un riachuelo que alcanzaba la barra, caía por el suelo y se dirigía a la alcantarilla más próxima. Me asusté tanto que dejé de mirar, no me gusta ver cómo se deshace alguien delante mío. Pagué mi cortado y me fui a arreglar articulaciones. Ayer me dio miedo volver y encontrarme con el torrente bocal. Pero viendo los charcos que había por la calle, creo que en unas horas entraré a ver qué queda, y si puedo, lo beberé.

La foto es de aquí

domingo 23 de octubre de 2011

Manolos


(Para mi es de lo mejorcito... dale al play)



Se marchó a la mañana siguiente. Sin avisar. Entre dos sueños de esa misma noche sí que oí unos pasos agudos de tacón yendo de un lado para otro de la pared, pero los metí dentro de mi película mental sin signo alguno de miedo. Era como mi banda sonora. Durante meses la había oído por las noches, pero no me molestaba. Pensaba que era una una vecina coqueta y nocturna y que no tendría más problemas que unos pasos indecorosos vestidos de charol. Alguna mañana buscaba sus ventanas para hacerme una idea de su cara, ya que tan bien me sabía sus huellas; pero nunca estaban abiertas. Ni tan siquiera cuando aparecía por la noche. Hasta que un día, otra vecina me dijo que en ese piso no vivía nadie desde hacía, por lo menos, cuatro años. Estaba contentísima de tener una vecina fantasma. Cada vez que aparecía yo me mostraba para que supiera que me encantaba estar en su dimensión. Hasta llegué a comprarme unos manolos para taconear juntas. Pero le debí molestar, o quizá le di miedo con mi persecución. Pero eso de tener un fantasma era lo último en el Vogue internacional, no podía dejarla escapar. Pero se escapó, quizá corriendo, con sus tacones, calle abajo.

La foto es de Yulia Gorodinski

miércoles 19 de octubre de 2011

Pelo Rojo


(Dale al play)



Siempre nos dio miedo el guardián de la Torre. Nunca pasábamos cerca de su puesto cuando salíamos a corretear las tardes de verano. Las criadas contaban que nunca salía de su cabaña, que jamás se he había visto en compañía femenina y que era capaz de saber quién viene olisqueando el aire de la entrada. Cuando mi hermano y yo no podíamos dormir, nos inventábamos historias terroríficas sobre él; que amaestraba búhos para espiarnos o que bebía de los sulfatos del jardín. Un año todo cambió, mi hermano comenzó a sentir los olores de los demás antes de llegar y su pelo se tornó rojizo.

La foto es de Scott Hunter

domingo 16 de octubre de 2011

Piruletas


(Ais... dale al play)





Desde el mismo instante en que las veo, se pone en mi cara una sonrisa de bizcocho. Una sonrisa que me dura horas, días, y que saboreo con el café de las mañanas. Me gusta tocarlas porque aunque nacieron de la misma madre y compartieron espacio durante treinta y tres semanas, son tan distintas como una oblea de chocolate y un bollo suizo. Carla es espontánea, impaciente, salada y muy extrovertida. Imita lo que haces y es rápida. Clara es suave, tranquila, observadora, paciente y expresiva. Tiene una sonrisa tímida y busca a su madre con la mirada. A pesar de los pisos, los trabajos y las nóminas de mi hermana, es el legado más hermoso que va a dejar al mundo. Un caramelo de pica pica y un chocolate espeso.

La ilustración es de Yelena James

miércoles 12 de octubre de 2011

Lenguas Vivas


(no te voy a pedir que le des al play a no ser que quieras oír los Sitios de Zaragoza... maños)



Fueron unos días extraños. La cuidad estaba alterada por la visita non grata de unos forasteros que se querían quedar. No pasarán. Cerraban las puertas, cortaban los suministros y permanecían atentos no fuera que las ratas entraran y se quedaran. No pasarán. Acabó siendo un verano pobre en medio del desierto; pero el Ebro siempre da un carácter tozudo y la Virgen les protegió, hasta que los franceses empezaron a rezar al mismo dios, y es que no se puede dar gusto a todos. Zaragoza acabó rendida a los pies de los cañones. Algunos muertos desde hace días, otros debilitados por no comer en semanas. Pasaron. Pero entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.

La foto es de aquí

domingo 9 de octubre de 2011

Eléctrico


(muy buena, como siempre... dale al play)



Las últimas investigaciones sobre neurofisiología dice que la atracción física entre dos personas ya no es solo un tema hormonal, si no eléctrico. Es decir, que cuando se encuentran dos personas que se gustan, hay una conexión eléctrica que les hace estar en sintonía. No he podido evitar pensar que somos una unión de cables, algunos rojos, otros azules, y que tenemos que encontrar el macho o la hembra que nos haga saltar chispas. Me da la sensación que ya no necesitaremos endocrinos ni psicólogos, tan solo un electricista. Que nos arregle los fusibles fundidos. Que nos conecte y que podamos radiar la mejor de las músicas. Sin estridencias ni gritos. Tan solo nuestra voz.

La foto es de Dennis Ziliotto

miércoles 5 de octubre de 2011

Justicia


(Temazo y en vivo... dale al play)





No soy un boli cualquiera, soy un boli rojo. Me utilizan para remarcar títulos, subrayar los conceptos más importantes y puntuar exámenes. Soy un boli importante, lo saben en el estuche. El azul es aburrido, y el negro, un manso. El más problemático es el verde, cree que por exótico tiene un puesto de honor, pero solo lo veo titulando. Al anterior le dije una tarde que su talento estaba desaprovechado, que no sabía qué estaba haciendo en el estuche de un simple maestro. Le convencí que aspirara a algo mejor, como firmar grandes documentos o diseñar títulos bonitos. Se lo creyó de tal forma que a la mañana siguiente se dejó caer a las puertas del colegio. Sonrío pensando como se coló por la alcantarilla.

La foto es de Google, si es tuya y no quieres que esté, dímelo y la retiraré inmediatamente

domingo 2 de octubre de 2011

Tocar-Me


(Algo así sonaba esa noche... dale al play)


Le pidió caricias después de hacer el amor. Él le contestó que eso solo lo hacía con sus parejas. Lo recordaba mientras tomaba una cerveza en una barra oscura. La música era como una niebla porque el humo estaba en la calle, con los fumadores. La frase me dolió como si yo hubiera sido la piel que reclamaba un poco de cariño. Debo ser idiota, porque siempre he pensado que todo el mundo necesita un poco de ternura. Aunque no haya amor. No solo es cuestión de recibir caricias, también es necesario darlas. Aprender a sacar las plumas detrás de nuestra piel de serpiente. Me pregunto en qué coño estaría pensando ese hombre al negar tocar. Será que no sabía, y me da tanta pena que esa noche lloré más por él que por ella. Por patético.

La foto es de aquí