(Qué bonito...dale al play)
La memoria, a veces, es desordenada. Yo me la imagino como millares de cajas apiladas en un sótano oscuro, con olor a humedad, y con alguna que otra tela de araña que cuelga de la bombilla desnuda, que parpadea cuando se enciende. Están perfectamente cerradas, aunque a veces la propia humedad las abre. Y es cuando te viene a la cabeza esa canción que muchas veces no acabas de recordar. Recuerdas las cervezas a la salida del trabajo, hasta la forma en la que me llamabas amor. Sé que llamabas así a todo el mundo, pero a mi me hacías sentirme especial. Recuerdo cómo liabas los cigarrillos más finos que he visto. Cómo tus dedos se pegaban al tabaco y enrollaban el pitillo. Y viene la canción de nuevo a mis oídos cerebrales. Y vuelvo a tener la misma sensación de entender que justo cuando la última nota suene, estaré, de nuevo, enamorada de ti. Estoy tan solo a unos minutos de volverlo a hacer.
La foto es de Audrey Kawasaki




