(No os libráis, no...¡dale al play)

Han pasado dos semanas. Dos semanas en las que he vivido varias vidas. Un cúmulo de sucesos han traspasado mi vida. Mis sobrinas ya han nacido. Tienen que estar en una incubadora al menos dos semanas más. Es un cofre de cristal con cuatro ventanas en las que puedes meter las manos. Y acariciarlas. Están calientes y atendidas por un personal cualificado y encantador. De la sanidad pública catalana, que todavía queda (menos mal). Carla es como mi hermana, tranquila. Se deja hacer. Clara es como mi cuñado, más movida, más nerviosa. Las dos son encantadoras. Sólo las vi una hora. Y me enamoré perdidamente de ellas. Tienen la piel más suave que jamás he tocado. Mi incubadora también ha cambiado. Tiene todavía poco calor, porque aún no la he ocupado del todo. Pero ya empieza a sonreír cuando abro la puerta, y me toca por las noches cuando me acuesto.
La foto es de Annie Collinge




