(Te ma zo)

Siempre hay una parte de cada uno que no nos gusta. Una sombra negra que deja rastro. La mía aparece cuando me siento. Porque cuando lo hago, me paro a pensar. Y si pienso en lo que he hecho y las veces que he metido la pata, mi sombra se vuelve más oscura. Es como si tuviera vergüenza. Es normal, yo también me sonrojo cuando me acuerdo. No es el rojo que me gusta, es más bien un rojo marinado, como radiactivo. Creo que mi sombra proyecta culpa y por eso bajo la mirada. Pero como me hago mayor, acabo mirando a los ojos. Porque me da en la nariz que todo el mundo tiene una sombra negra de vergüenza. El truco está en tomar café solo y con dos hielos. Bien cargado, para que mi sombra no se duerma encima mío. Así deja de molestar, aunque aparezca cuando me quede sola conmigo misma.
La Foto es de Francesca Woodman






