(¿Cuánto hace que no los oigo?...¡dios, años!...dale al play)
Hay años que pasan sin pena ni gloria. Otros años se clavan a fuego en la parte convexa de los huesos de tu cráneo. Como todos los años para estas fechas me da por quitarme hueso a hueso y ver qué hay taladrado dentro. Ha sido un año duro. Muy duro. Tan duro como el esqueleto que rodea mi piel. He aguantado madrugones, viajes y comidas en tupper, pero por el contrario me he llevado amigos. Una bomba nuclear cayó cerca de mi en Lisboa. A veces aún duele, y mucho, y más en días como estos en los que el frío se nota más. No el frío de las calles, el otro, que es más gélido. Ayuda a endurecer, pero creo que he crecido y mi escudo no... Y tengo las esquinas de mi cuerpo un poco doloridas. Me doy cuenta cuándo me contengo y no me gusta nada. Sigo haciéndolo porque me da miedo miedo decir mi opinión, aunque cuando me la preguntan, la digo. Yo también sé tirar bombas nucleares. Por primera vez no tengo ilusión en celebrar nada. Porque este año 2011 puede ser más duro aún que el anterior. Y me pregunto si puedo aguantar muchas bombas como la de este año. Mi huesos artrósicos rezuman que no


La imagen es de Lynn Palewicz







