miércoles 29 de diciembre de 2010

Huesos Fríos



(¿Cuánto hace que no los oigo?...¡dios, años!...dale al play)

Hay años que pasan sin pena ni gloria. Otros años se clavan a fuego en la parte convexa de los huesos de tu cráneo. Como todos los años para estas fechas me da por quitarme hueso a hueso y ver qué hay taladrado dentro. Ha sido un año duro. Muy duro. Tan duro como el esqueleto que rodea mi piel. He aguantado madrugones, viajes y comidas en tupper, pero por el contrario me he llevado amigos. Una bomba nuclear cayó cerca de mi en Lisboa. A veces aún duele, y mucho, y más en días como estos en los que el frío se nota más. No el frío de las calles, el otro, que es más gélido. Ayuda a endurecer, pero creo que he crecido y mi escudo no... Y tengo las esquinas de mi cuerpo un poco doloridas. Me doy cuenta cuándo me contengo y no me gusta nada. Sigo haciéndolo porque me da miedo miedo decir mi opinión, aunque cuando me la preguntan, la digo. Yo también sé tirar bombas nucleares. Por primera vez no tengo ilusión en celebrar nada. Porque este año 2011 puede ser más duro aún que el anterior. Y me pregunto si puedo aguantar muchas bombas como la de este año. Mi huesos artrósicos rezuman que no


La imagen es de Lynn Palewicz

domingo 26 de diciembre de 2010

Fumata




(Fantásticos... dale al play)


Nora llevaba tres días sin fumar. No le había costado mucho pero desde hacía unas horas sentía la necesidad de hacerlo. No tenía uñas que morder y personal a quién gritar. Estaba de vacaciones, en casa de sus padres. Esas personas rectas que hacían de jueces de todas las cosas que hacía Nora. Hasta de fumar. "Menos mal que has dejado esa mierda de costumbre" le repetía su madre con el café y el bizcocho del desayuno. "Tómate la leche que luego iremos a la carnicería a comprar la cena." Veía a su padre sacar las botellas de vino y de ginebra del mueble bar para dejarlas en la mesa. Con la excusa que comprar el periódico, salió de la casa y se compró un cigarro. Lo encendió, lo inhaló y consiguió que la nicotina se le extendiera por todo el pecho. El corazón le latió más fuerte y la cabeza empezó a hacer círculos. Enseguida se dio cuenta que toda la calle la miraba, y ella tiró el cigarro por la vergüenza. Pero el humo seguía saliendo de su pecho.

La foto es de Raquel Zoco

miércoles 22 de diciembre de 2010

Mr Gómez and Me



(Eran sensacionales...¡Dale al play!)

Se enteró que escribía. Le intenté quitar hierro diciendo que era más bien un hobbie, pero se le notó en la cara que era de esas personas que no escuchan, solo hablan. "Tengo que contarte una cosa que seguro que lo haces historia". Le dije que no hacía falta, aunque la mayoría de las veces sudo gotones al ver la pantalla en blanco. Dio igual, se puso a hablar de un viaje que hizo con su mujer a la playa y de una pareja misteriosa que conoció en el hotel. He de reconocer que tengo alma de peluquera y me desentendí del tema centrándome en el trapecio de este señor, mientras lo veía cabecear y mover los brazos. Acabamos a la vez, yo de mi tratamiento y él de su historia de miedo. "¡Eran alemanes!" Fue lo único que le oí como colofón a su anécdota. "¿Que? Es buena historia, ¿verdad?" Sólo fui capaz de sonreír y verle marchar por la entrada del Hospital. Mientras me lavaba las manos, me di cuenta que se estaba acabando justo una historia.


La foto es de Marianna Esquivel

domingo 19 de diciembre de 2010

Nuevos Espectadores



(Muy buenos, dale al play)

Yo, desde cría, editaba cuentos. Si, en serio. Los escribía con tinta azul, sobre un folio blanco cuyas líneas las marcaba previamente con una regla y unas tijeras. Imaginaba el cuento, lo escribía con mi mejor letra, dibujaba a los protagonistas, ideaba un título apropiado y los grapaba. Les dejaba leerlos a mis hermanos y mi madre. No recuerdo si lo hacían o no. Lo que sí que recuerdo es la ilusión con la que elaboraba el cuento. Me importaba un rábano dónde iban esas letras que yo tejía. Sólo me divertía hacer el propio cuento. Lo que son las cosas, muchísimos años más tarde, yo sigo jugando con las palabras que nacen en mi garganta y no se atreven a salir más que por mis dedos. Los edito en este blog. Y siempre me ha dado un poco igual si son leídos o no, aunque he de reconocer que me gusta que me digáis cosas en los comentarios, y por eso os doy las gracias una y otra vez. Pero como la vida da cambios radicales de 180 grados, en menos de siete meses tendré dos nuevos espectadores para mis cuentos. Espero elegir bien las palabras para poder leérselas a mis sobrinos, que están encargados y están de camino.


Las Ilustraciones son de Daniel Sanchís, descubierto por Kalho

miércoles 15 de diciembre de 2010

La Puta Ama


(Impresionante....¡Dale al Play!)

Entro al metro por la Gran Vía. Al lado justo del Edificio de Telefónica. Pocas veces me ataca el recuerdo de una guerra que no viví, pero que me sé de memoria. De la memoria de mis viejos. Mientras bajo hacia mi estación, imagino a los madrileños correr para refugiarse de las bombas. Miro los escalones, intentando sonsacar de entre las piedras algún grito de socorro. Los veo ahí sentados, en escalera descendente, metiéndose en las tripas de una ciudad que tiene hambre. Mi inspección se acaba cuando se da un golpe con la cruda realidad. Ahora nadie se refugia en el metro, solo en pastillas. Nadie tira bombas, solo escupe al suelo. Intento encontrar una mirada que se conecte con la mía, y nadie quiere estar en la misma frecuencia. Mirarlos a los ojos es como hacerles un tracto rectal. Tener esa sensación en los intestinos de Madrid me hace sonreír de la ironía. Encontrar el amor en el recto de la línea uno es misión imposible. Pero me da igual. Buscar ojos que miren en la misma conexión me hace pensar que soy la puta ama de las tonterías. Por eso, quizá, acabo mirando hacia el cristal del tren y encontrarme con mi propia cara. Y es entonces cuando me doy un beso, por mi y por todos. Y vuelvo a sonreír porque la boca está íntimamente relacionada con los intestinos. Un beso rectal. Paro de reír no sea que me metan al psiquiátrico.



La foto es mía, retocada por el Litos

Al Psiquiátrico deberíamos ir, pero no sola... Con Simpulso, Odiseo, Manu, Masakoy, Mariano y Lidia, por lo menos...

domingo 12 de diciembre de 2010

Realidades Paralelas



(Este hombre es una de mis debilidades... dale al play)


Cerré los ojos justo cuando el tren partía. El suave balanceo del AVE sirve como una cuna para mi cuerpo cansado. Soñé que venías y me abrazabas. Sentí tu aliento en mi cuello y tus manos en mi cintura. Empezaste a besar mi pecho despacio, con los labios cerrados. Apenas hacías ruido. Conseguiste que no notara la punta de tu lengua en mi piel. En silencio. Solo había ruido dentro de mi. Mi respiración se hizo más rápida y abrí los ojos cuando mi sexo reaccionó. Lo hizo como siempre, como un huracán que devasta todo a su paso. Hasta mi sueño. Me desperté en la misma cama en la que me acosté la noche anterior. Tan solo habían pasado tres horas de la última cerveza.

La Imagen es de Vishudda

miércoles 8 de diciembre de 2010

PodRíA



(Podría sonar perfectamente por las calles de Tarazona... dale al Play)

Podría hablarte de los madrugones, de los minutos esperando en la calle, haga frío o calor.
Podría relatarte la carretera llena de curvas, baches y camiones que tienen más prisa que tu.
Podría hablarte del puerto con hielo, con niebla, con nieve aún en abril.
Podría hacerte saborear la comida recalentada en el micro. De volver a las cinco de la tarde a casa, de no tener tiempo ni para darte una ducha.
Podría explicarte el dolor de espalda que se queda casi-crónico de tener que viajar 160 km cada día. De haber visto accidentes por la cuneta de la autovía, e incluso haberme despedido de alguno.
Pero no...



Me quedo con el Moncayo, que me ha ido enamorando cada día, lo he visto con nieve, vestidito de verano, con tonos ocres.
Me quedo con los tomates, espárragos, cerezas y melocotones que me han regalado mis pacientes y compañeros
Me quedo con la transparencia de los turiasonenses, de su forma de hablar, de sentir y de vivir.
Me quedo con amigos que sé que estarán ahí esperándome en el próximo cipotegato.
Me quedo con risas, tantas risas que hacen llorar. Con tanto bueno que no me cabe en la maleta. Menos mal que, como Paco Martinez Soria, tengo varias cestas de mimbre.

La foto es de Aurelie Anger

domingo 5 de diciembre de 2010

Fuera de Temario



(LoL es de lo mejor que hay para leer...¡Pruebalo! Dale al play)

Está bien leer cuando hay un momento. Está bien leer en la cama, justo antes de cerrar los ojos. Justo antes de entrar en tu imaginario de sueños, cuentos, historias y fábulas. Está bien intentar ponerse a escribir. Cazar letras con los dedos. Dibujarlas en papel y fruncirlas con puntos y comas. Y escribes, alimentando el alma en libretas rayadas en tinta. Y lees, como yo, en la cama. Acurrucada en una esquina, sintiendo el calor de mis sábanas a un lado y el frío del colchón al otro. Menos mal que las brasas las encuentro entre las páginas de un libro. Un libro firmado por una persona importante. Una de las personas que me introdujeron al mundo del cuento, de los relatos. Un espejo al que mirarme, aunque sé que no llego ni al marco. Un hombre con el que los minutos se pasan rápidos, tomando cervezas por Malasaña. Un muso al que intento imitar. Un tío que ha crecido, desde su primer libro de relatos publicado hace tres años. Se ha hecho mayor en forma, estilo y elegancia. Ha pasado a generar imágenes sugerentes y a acercarse al cuento redondo, ese que va captando la atención del lector desde la primera frase hasta la última. Relatos que te atrapan y degustas una y otra vez. Porque los relatos, al contrario de las novelas, son platos de gourmet que se saborean poco a poco, en pequeñas tomas. Pero te cuentan las verdades universales. De esas que no quieres dejar de leer nunca, y tardas en terminar el libro sólo para poder decir que todas las noches, Manu te cuenta un cuento antes de irme a dormir.


La foto es de Mercedes Baliarda

miércoles 1 de diciembre de 2010

Jarrón Chino



(Poco a poco me va enganchando... dale al play)

Llevaba mucho tiempo queriendo salir de ese circo que ya no le excitaba. Saltaba, daba volteretas y piruetas que parecían imposibles. Pero ni el aplauso del público ni la admiración de sus compañeros le valían. Necesitaba escapar de ese carpa que le pesaba como una losa. Una cárcel de lona. Quería hacer algo importante, algo por lo que se le recordara. Intentó pasar dos torres en un solo alambre sin red. No pensaba que se podía caer. Ni nadie se lo dijo. Cuando lo hizo notó cómo cada uno de sus huesos se deshacían en el camino y se rompió como un jarrón chino cuando alcanza el suelo.


La foto es de Philippe Petit, el hombre que se atrevió a cruzar las Torres Gemelas pasando por un cable.