domingo 28 de noviembre de 2010

Carne Digital



(Tiene una frase preciosa esta canción... dice que quiere tener 16 años y ser libre...¿Quién no?)

Los arañazos del alma es algo que no se ven desde fuera, pero que desgarran por dentro. Estamos demasiado acostumbrados a pintarnos la raya del ojo y hacer ver que no pasa nada, pero la sed de amor es una pandemia en el mundo actual. Tenemos amor de sobra, pero nos da miedo darlo. No sea que nos lo devuelvan y no sepamos que hacer con tanta amabilidad. O que lo tiren, que también pasa. Y eso duele... y deja una impronta, y otra, y otra... Todas mis cicatrices están por dentro de mi piel, tocando mis huesos. Y me duelen mucho, y más en días fríos y con aire gélido. No las suelo enseñar mucho, si acaso entre líneas, pero no dejo que nadie me vea mi piel de torero. Y es por vergüenza, siempre me han gustado las pieles suaves, no como la mía que es áspera, dura y llena, llena de heridas.


La foto es de Ramiro

miércoles 24 de noviembre de 2010

Cubo de Rubik



(Una auténtica musa...Dale al play)

La pantalla del ordenador y mi cerebro tienen el mismo color: Blanco. Llevo varios minutos, por no decir horas, en los que no se me ocurre nada qué escribir. Qué raro. Miles de historias, imágenes y situaciones aparecen en mi cabeza, pero no me llegan a los dedos, ni mucho menos al teclado. No sé si es porque los cables están rotos y no hay conexión, o mis propios duendes están en activo. Si, los duendes críticos, esos que se ponen al lado de mis orejas y me dicen "eso no vale". Y, claro, yo me lo creo. Y voy desechando ideas y acabo pensando que no puedo escribir. Otras veces si que pienso que la idea es buena, pero no puedo desarrollarla. Es como un cubo de rubik, cuyos colores son los mismos pero soy incapaz de hacer. Tendré que sacar a los duendes a golpe de teclado puro. Tal cual.


La foto es de Collette Nymphe

domingo 21 de noviembre de 2010

La Escopeta



(La voz de ella me parece horrible, pero la película y la canción era de bonita...dale al play)

Hemos quedado en la era... si, si, en la era, justo donde se junta el río con el cielo. Así estaremos más tranquilos, sin que nadie nos moleste ni vengan los jefes a pedirnos cuentas. Tranquilo, vamos a ser los justos para poder echar tres o cuatro, el tema está en si tu aguantarás ¡jajajajajajaj! Traeremos bebida y comida, para no tener que parar en toda la noche... No, mejor no se lo digas a nadie más, no creo que podamos juntarnos muchos, porque entonces se nos notará mucho, y los mandos empezarán a sospechar. Y si nos descubren vete preparando, que será sonado. Que cuatro enemigos queden más allá de las trincheras para jugar al mus en vez de matarse a tiros, ¡salimos hasta en el extranjero!


La foto es de Maia Flore

miércoles 17 de noviembre de 2010

Hojarasca



(¡Qué buenos eran! Dale al play)

Dejaste la ventana abierta para que el ambiente espeso se fuera disipando. Lo que no te diste cuenta fue que el Otoño entró hasta tus sábanas, impregnándolo todo de hojas secas. Hasta tal punto que pensaste que era tu alma la que había desaparecido, como pétalos marchitos. Menos mal que la vida te da regalos, y encontraste el rastrillo que te ayudó a limpiar tu cama. Desde aquel día, el frío metal te hace volver a casa.


La foto es de Arthur Tress


domingo 14 de noviembre de 2010

Gravina, 12 Ático



(No son de Madrid, pero podrían...dale al play)



Cuando paseo por Madrid, me gusta mirar el cielo. Las nubes se entremezclan con los tejados de las calles más castizas de la capital. Esquinas llenas de historia se mezcla con un azul difícil de repetir en los lienzos. Desde hace unos años, los colores se mezclan mejor por debajo de los áticos que por encima. Las ciudades españolas han empezado a adoptar ciudadanos de otros países, cuyos colores son, en ocasiones, difíciles de aceptar. Pero creo que da mucha más riqueza que cualquier paleta de pintor profesional. El centro de Madrid, como el de Zaragoza, está lleno de colores y vidas. Hay que aprender a leerlas, verlas y olerlas. Seguro que nos saldrán relatos mucho más impactantes que el que nos cuentan en Gravina 12, Ático. Porque, como dicen, la realidad supera muchas veces a la ficción. Aunque en esta ficción haya muertos desaparecidos, sudamericanos, nigerianos y homosexuales.

La foto es de P.H. Alonso

miércoles 10 de noviembre de 2010

La niña de las Naranjas



(Gran disco y gran tema...dale al play)

Ya está... Lo tienes preparado. Está a punto de salir. Llevas casi toda una vida (bueno, vale, tres años, pero es que eso puede ser toda una vida), preparándote para salir a la luz. Lo tienes todo niquelado, preparado y con un punto de sal. Aunque viniendo de ti, seguro que después viene el tequila. Vestirás Logroño de lino y cuero, con alguna nota de rock y algo de alcohol. Llevas en las manos restos de pintura. Te quedas con una sensación de tierra entre los dedos. Y es agradable sentirlo. Puedo imaginarte cómo acercarás la mano a la nariz y aspirarás muy fuerte. Todo huele a fresco. Un olor familiar que es nuevo, y es algo divertido. La primera vez que la niña de las naranjas sale a papel pero sin embargo sabe desde hace post que está viva. Lo mejor de todo es que yo lo sabía desde hacía meses, y en cierta manera, un par de pinceladas de tu cuadro, está hecha por mi. Te veré, te oiré y, si te dejas, te besaré.


La Foto es de aquí

domingo 7 de noviembre de 2010

Un Traje De Buzo



(Por fin tengo una excusa para ponerlos en mi blog...dale al play)

Mi bolso es una gran gruta inescrutable. Una garganta profunda. Un saco kilométrico. Lo abres y parece que todo está a la vista. Todo lo ves: móvil, llaves del coche, tabaco, gafas de sol, cartera... Perfectamente posicionado en el fondo. Pero me toma el pelo; cuando meto la mano, esconde las cosas en el doble fondo que, estoy segura, tiene. El mechero juega a la comba con los dedos, y el móvil al un-dos-tres chocolate inglés. Cuando percibo el móvil sonar, cuando veo que el bus está cerca, o cuando llego al coche con cierzo, me gustaría tener un traje de buzo y meterme en los siete mares que crean los objetos que nadan en mi mochila. Y así encontrar a la primera y sin perder los nervios en el intento, todo lo que busco. Poder tener ojos en mis dedos y engañar a todo aquello que se ponga en mi palma cuando no es lo que busco. O mejor todavía, encontrar el mapa de los recovecos que tienen las paredes del saco que llevo todos los días.


La ilustración es de Pesare

miércoles 3 de noviembre de 2010

Del Más Allá



(Para dar miedo, si que ayuda a ambientar... Dale al play)

Se levantó por tercera noche consecutiva con crucifijos alrededor de su cama. Los volvió a guardar en el único armario que el Sanatorio tenía para cada enfermo de tuberculosis. No le dio mucha importancia los primeros días, pero esa mañana empezó a estar preocupada. Salió por el pasillo y se dirigió a la terraza. Se puso la manta y se sentó en la tumbona. Cerró los ojos intentando explicarse porqué tenía esos objetos en su cama. No pasaba mala noche, de hecho dormía profundamente. Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta que no había nadie más en la terraza. Ni en el comedor, ni en la cocina. Parecía que estaba sola en todo Agromonte. El viento correteaba por los pasillos vacíos y se dio cuenta que las ventanas estaban sin cristales, las paredes descorchadas y las puertas llenas de pintadas que imploraban al diablo. Se asustó y corrió hacia su habitación, pero al entrar vio que cuatro personas la miraban con terror mientras sujetaban crucifijos. En el suelo, unas letras marcadas a punta de cuchillo y un vaso, que explotó cuando lo miró. Se despertó con el sonido de cristales. Esa noche no había dormido bien, pero al menos ya es de día. Se levantó para ir a la terraza como cada mañana pero volvió a encontrarse con crucifijos alrededor de su cama...



La Foto, de la Dehesa del Moncayo, es de Manuel Arribas.

Cuento inspirado en el libro de relatos Del Más Allá, de María Sangüesa, adquirido en la Librería La Clandestina