miércoles 29 de septiembre de 2010

Viento Cobarde



(Me encanta esta BSO...Dale al play)

Me ha gusta pensar que el viento es cobarde, y que huye por las calles. Por eso lo hace de una manera tan fuerte. Intenta escapar corriendo, y además anima a todos a hacerlo. Lo hace a susurros, como intentando convencerte de una manera suave. Y me da por pensar que hasta la persona más bruta es capaz de susurrar algo bonito en algún momento. Este fin de semana ha estado el cierzo muy presente en las calles de Zaragoza. Y la verdad es que yo tenía motivos más que evidentes para salir corriendo detrás de él. Me iría al sur, para respirar un poco de Andalucía, o me iría al norte, para cubrirme de León, cualquier cosa con tal de no estar aquí. Por suerte recibí algo de ternura de alguien que ha tenido una vida de escapes, aunque no cobarde. Pero susurra, como el cierzo.


Impresionante fotografía de Kattaca

domingo 26 de septiembre de 2010

Gracias Por El Fuego



(Un tema que se hace dolorosamente precioso, dale al play)



Era una figura horrible,indescriptible. Era una pareja de asturianos en plata y cerámica, de unos cuatro kilos de peso. Javier no sabía si su padre se lo había traído para gastarle una broma pesada, pero cuando vio la cara de emoción que tenía cuando lo abrió, no pudo más que susurrar un gracias de esos livianos, falsos... de esos que huelen a odio. Y es que siempre su padre le había puesto a prueba, desde que en cuarto de primaria le vino a buscar con ese chándal rojo. O cuando le obligó a hacer Derecho al empezar la Universidad, o cuando le mandó callar delante de todos los vecinos de su primera reunión como administrador de fincas. Y ahora le venía con esas, con ese estúpida figura. Durante unas semanas hizo lo que hacía siempre. Aguantar y exponerlo en el comedor, previa bronca con su mujer. Pero cada noche, cuando encendía la luz, lo veía. Y se cabreaba. No sólo por la figura, si no por tantos años aguantando los malos modales de un padre que lo único que recordaba que hacía era reírse de él. Su cabeza empezó a hincharse como una pompa de chicle hasta que una noche explotó. Cogió a los asturianos y salió de su casa, tirándolo al contenedor de basuras. Oyó el ruido de la cerámica romperse en añicos, y se sintió muy bien, liberado. No pudo volver a dormir por las noches. Cada vez que cerraba los ojos, veía los fantasmas de los astures bailar alrededor de su cama

La foto es de Michelle Holshue

miércoles 22 de septiembre de 2010

Rutina Espectral



(Es curioso lo difícil que es encontrar cosas de esta mujer... Dale al play)



Vendrás en cosa de una media hora. Estarás ahora caminando por nuestra calle, pisando las hojas de los castaños que ya han caído. Siempre te relaja el sonido de las hojas romperse bajo sus pies. Entrarás, dejarás las llaves en el recibidor, te quitarás la corbata, los zapatos y el traje. Entrarás en la ducha y dejarás que las ideas salgan de tu cabeza y se vayan por el desagüe. Dejarás que se escurran con el jabón y desaparezcan por las tuberías. Te vestirás con el pijama, comerás un par de piezas de fruta para hidratar tu garganta. Bostezarás y sonreirás cuando acaricie tu nuca. Veré cómo tu carne se estremece y se excita cuando sople detrás de tu oreja. Querrás meterte en la cama y jugaré con tu cuerpo hasta que te quedes dormido...Cuando lo hagas, volveré a entrar a esa dimensión de la que salgo sólo cuando llegas a casa. Volveré a entrar en esa pared dónde me emparedaron, esperando a que, de nuevo, anochezca para poder jugar contigo.

La foto es de Alexander Grinberg

domingo 19 de septiembre de 2010

Enfermando de Nostalgia



(Vaya cosa bonita.... dale al play)


Me estoy haciendo mayor. En serio que sí. Una prueba irrefutable es que empiezo a enfermar de nostalgia. Justo cuando pasan las cosas las empiezo a echar de menos. No son asuntos importantes, pero la verdad es que jode. Es como en este fin de semana, llevo meses quejándome del calor y ahora lo añoro. Debe ser cosas de los entretiempos, pero me gustaría irme a sentarme en el césped y dejar cómo los últimos rayos del verano tocan mi cara. Dejaría que todo lo que ha pasado en estos días transcurriera despacio por los barrancos que hace mi materia gris. Desde el cambio de Lisboa hasta la partida de mi compañero. Me daría cuenta que no hay nada que dure siempre, que estamos metidos en un constante cambio vivo. Nos movemos hacia un lado u otro y decidimos lo que hay que hacer. Me tomaría el último helado de yogurt y desearía ser plastilina. La roja, claro.

La ilustración es de Raúl Perdomo

miércoles 15 de septiembre de 2010

El Maestro de Almas



(Es recurrente en mis post, pero ¡es que es tan buena! Dale al play)

Notaba algo que le picaba en la espalda... sin querer se acordó de aquella película de ese chico que le salían alas. Cuando salía de la ducha se miraba, pero no encontraba nada. Ahí, en la cruz, donde comienza el cuello. Escocía, escocía... pero nada. Tan solo unos días más tarde, unos calambres recorrieron sus brazos. Pensaba que era por el cuello, pero no tenía nada que ver, o al menos eso le dijo su osteópata. Se tocaba sus codos... espasmos, espasmos. Poco después le temblaban las rodillas cuando subía y bajaba las escaleras. Se las tocaba y estaban calientes, calientes. Se puso paños fríos pero no conseguía bajar la temperatura. Ese mismo sábado, cuando se levantó, notó algo correoso en estos sitios. Sacó las pinzas y se puso a buscar. Un pelo duro comenzó a salir de sus codos, rodillas y cuello... Tanto tiró que una cuerda blanca salió disparada hacia el techo. Miró hacia arriba pero sintió que no podía moverse. Los hilos iban tirando de su piel, dejándola tirante y dolorosa, como cuando una abuela te pellizca en los brazos. Alguien le había robado las hebras de su conciencia.


La foto es de Honeypieliving

domingo 12 de septiembre de 2010

Mensajes en el Busca


(DIcen que la Gaga es uno de los personajes más influyentes hoy en día, a mi me gusta, la verdad... y mirad qué versión del Bad Romance)

Le vino el mensaje en el busca. Tenía que estar preparado para las seis y cuarto de la tarde. Se levantó con lentitud, los huesos empezaban a fallarle, cosas de la edad, pensó. No le quedaba mucho para jubilarse, de hecho ya estaba pensando en buscar de entre los miles de currículums que había recibido, un sustituto. Llegó a la hora programada en el sitio acordado. Intentó entrar pero la puerta estaba cerrada. Una luz roja reinaba el marco de la puerta con un "no pasar". Le sonaba el sitio, ya había estado ahí antes, es más, muchos de sus clientes se conseguían ahí, detrás de esa entrada blanca y cerrada. Miró por el cristal que acompañaba a la puerta. Ahí estaba él, rodeado de batas verdes y lleno de sangre. Sonrió mirando el monitor donde se veía las ondas de su corazón. Se ralentizaba, sabía que en breves se lo llevaría, acabaría con su vida, caput, game over, a otra cosa, mariposa. Consiguió entrar en el quirófano y ponerse al lado del médico. Lo miraba fijamente viendo las gotas de sudor del cirujano. Cuestión de segundos, pensó. El corazón se paró e intentó llevárselo, pero no pudo. estaba conectado a una máquina que le hacía vivir. Desconcertado, volvió a mirar la mesa de operaciones. Le estaban metiendo una bomba metálica en el pecho. Tan solo unos minutos más tarde, las ondas volvían a sonar en el pecho. Cada bip era un empujón más hacia la puerta, que no tuvo más remedio que atravesarla en medio del más absoluto de los ridículos.



La estupenda foto es de Manuel Archain

miércoles 8 de septiembre de 2010

Mucho Poco Nada



(Imprescindibles... Dale al play)

No parece fácil de entrada. Cuando la realidad sobrepasa y con creces los niveles normales de estrés, me gusta inventar que estoy en una película antigua. Abro y cierro los ojos y todo parece una moviola. Y parecerá una tontería, pero de repente todo parece lejano a mí. Y si encima quiero verlo en perspectiva, dibujo una pajita con tiza y es cuando lo veo todo como en un documental. Veo las ciudades llenas de asfalto, en la que raramente podemos ver alguna flor. Oigo ruidos de motores por encima del ruido del agua, oigo pasos de tacones altos y bajos que pasan por un suelo de hormigón. A veces pienso que el fin del mundo está cerca, y no en el sentido religioso, si no que pienso que nos estamos cargando lo que conocemos por materia. Qué quizá sea cierto que dios no exista porque ya hace tiempo que lo hemos enterrado en linóleo. Y si se termina el mundo, me gustaría que me pillara en el campo, en contacto máximo con la naturaleza.


La foto es de Laura Glusman, descubierta vía MBI

domingo 5 de septiembre de 2010

Ladrón De Guante Blanco



(Repito autor de hace unos meses, pero es que es tan bueno... como los besos... dale al paly)

El bar era de esos limpios, blancos, con el suelo de madera, paredes desnudas y sofás de cuero albino. Los camareros eran atractivos sin ser especialmente guapos. Sonreían sin ese peloteo que a ella le ponía tan nerviosa. Pidió una cocacola para despejarse y encendió un cigarrillo. El bar estaba tranquilo, la música, techno sin estridencias, se colaba muy bien por entre las personas que tomaban sus primeras copas de un viernes noche. A pesar de todo, el bar se le antojaba muy frío, y no solo por el aire acondicionado que hacía que en la calle se estuviera mucho mejor... Vigilaba el bolso, sabía que en esos sitios tan cools era dónde más ladrones de guante blanco había, vestidos con sus trajes a medida. Notó que alguien respiraba cerca de su hombro y se giró. Percibió enseguida que estaba en peligro al sentir cómo unos remolinos se dibujaban en la piel de su espalda. Despacio, recoge su bolso y lo pone en su regazo. El ladrón no quería la cartera, le cerró los ojos, le cogió la cara con ambas manos y le robó el beso más sonado de aquella hora en aquel bar.


La Foto es de Maxime Ballesteros

miércoles 1 de septiembre de 2010

On The Road



(Anda que no he bailado esto yo...Dale al play)

La vida es una autovía. Naces, te aceleras y cuando llegas al final, te sales. Con más o menos ruido, eso depende de muchas cosas. Yo he conocido a gente que iba a hacer mucho estrépito, se revolucionaba sólo con acariciar el acelerador. Gente que salía los lunes de fiesta para no tener que hacer lo mismo que los demás. Gente que se apoyaban sólos en la barra del bar y bebían hasta ver el alma oculta de las cosas. Después te lo relataban como si tal cosa. Yo los veía como si fueran especies de mesías, y miraba a los objetos como si yo, pobre de mí, fuera a ver lo mismo que ellos. Decían que la mayoría de los humanos no éramos más que malos actores que seguíamos un mismo guión, y nos llamaban pobres a los que seguíamos con el mismo patrón cortado por el mismo sastre desfasado. Yo miraba siempre mi vestido y empecé a verlo anacrónico. Por eso bebía, por eso fumaba, por eso tonteé con muchas cosas. Quería ver el final del túnel, ser de esos tipos especiales que ven más allá de la belleza intrínseca de lo que me rodea. Ni qué decir tiene que no lo conseguí, mi ovillo mental era demasiado para ellos, y acabé por dejarles de ver. Pasan los años y este vestido mío cada vez se amolda más a lo que yo espero que sea. Hago punzadas cada vez más fuertes y me siento bella dentro de él. Pongo gasoil a mi coche y me meto en la autovía sabiendo que puedo acelerar hasta que me dé la gana y parar cuando me conviene. De vez en cuando los sigo viendo, no es difícil encontrarse con algunos en el mundo real o el virtual. Muchos de ellos con pareja, hijos, casa con jardín y trabajo estable. Otros perdidos en almas nocivas de paraísos que dejamos atrás, deseando ser como Neal Cassady, sin saber que ese traje ya está inventado para los libros de una determinada generación.


La Imagen es de NyTimes