miércoles 26 de mayo de 2010

Una Brecha En Medio de La Rutina





(Esto es muy bueno, dale al play)

Cuando era pequeña y mi madre, divertida, me preguntaba qué quería ser de mayor, no lo tenía claro. Quería ser médico, comadrona, enfermera, matrona y auxiliar de clínica. A los quince años ya me definí por la fisioterapia. Y lo conseguí. Recuerdo el primer día de prácticas en un Hospital. Me puse por primera vez mi pijama, mis zuecos y mi bata. Y salí al gimnasio, con la espalda bien erguida y el paso firme. Estaba en el camino de ser sanitaria, algo que había deseado desde que tengo uso de razón. Llevar bata blanca y ayudar, conocer gente. Cuidar. Curar. Por eso este libro me ha tocado más la fibra que otros. Porque son dos compañeras las que están detrás de esas letras. Y seguramente no nos conozcamos en la vida, pero somos del mismo gremio. De los de la bata blanca. En cada página, cada punto, cada coma, olía a sanitario. Sé lo que es, yo también he trabajado con oncológicos. Y es bello, duro, como algunos apartados de este libro, pero bello. Tan bello como mi bata blanca.


La Foto, preciosa como las demás, es de Salih Agir

domingo 23 de mayo de 2010

Ruido



(Para mi, una de las mejores de The Doors... Dale al play)



Pitidos, coches, susurros, motores, rapidez, y el sol que va saliendo, va saliendo... Y molesta a los ojos. Trabajas en un lamento seguido, y tienes que contener ese dolor, e incluso volverlo de un tinte que no te chille al oído. Sonrisas congeladas guardadas en la parte más oscura de tu máscara, es imposible que todos tu pacientes te caigan bien. Alguno te toca la tecla. La activa, la aprieta y la manipula, y sin saber cómo, entra hasta la cocina de tu alma y destroza toda la cacharrería. Y los vasos, cuando caen, hacen ruido, mucho ruido. Y hace eco en tu cerebro, intentas cerrar los ojos para aguantar el terremoto, y acabas tomando un ibuprofeno para calmar los destrozos.

La Foto es de Maija Luutonen

miércoles 19 de mayo de 2010

Pagando Patos




(¿Un poquito de rap? dale al play...)



Ayer bajé por unas escaleras de un edificio viejo. En uno de los rellanos me encontré con un hombre que estaba con una abuela. La sujetaba y ella se agarraba a su cintura. Totalmente torcida. La mandíbula se movía con un ritmo parecido al de sus pies. Y lloraba. No quise parar, pero si que miré al hombre a los ojos. Me sonrió con infinita paciencia. "Ahora viene Amelia", dijo, "entraremos y cenaremos, no te preocupes." Se le habría olvidado la llave. Pero al menos podrían cenar. Y me pregunté cuánta gente podría cenar en nuestra ciudad de primer mundo. Todos, supongo. Pero me pregunté cuánta gente podría cenar con la conciencia tranquila. Sabiendo que en ese día han hecho lo que han debido. Que ningún funcionario se escaquee de su curro, que ningún empresario escatime en gastos sociales de sus trabajadores, que ningún político cobre más del servicio prestado a la sociedad. Que recorten por donde se debe, no pisando siempre al débil. Pagando un pato que se han cocinado otros, y de dónde no queda ni los huesos. Y el resto, a cenar tortilla. Y eso, si quedan huevos, que creo que cada vez quedan menos.



La foto es de Viamoi

domingo 16 de mayo de 2010

Cierzo en la cabeza



(Bueno, al final acepté esta canción... dale al play)

Me despierto esta mañana
La cabeza me duele
Creo que se me ha metido cierzo por las orejas.
No para, el condenado.
Toda la noche ha estado sonando.
Silbando su melodía
Por encima de los tejados
Por las esquinas
Por las callejas.



Mientras tomo el café y su aroma inunda todo mi cerebro
De repente, como si se parara el viento de mi cabeza, me acuerdo.
Y no recuerdo tus facciones. Ni tu color de ojos. Ni tus manos.
Me viene a la mente sólo el sonido de tu risa, tus bromas
Tu mirada guasona cuando estábamos a punto de salir a escena.
Me viene a la mente el calor de los focos cuando estaban ya un rato encendidos.
El olor a maquillaje mezclado con el sabor dulce del sudor.
Será verdad que al final solo recordamos momentos.
Y que ya lo empezamos a mezclar todos.
Pero, después de once años, yo sigo echándote de menos.

La foto es de Gina Osterloh

miércoles 12 de mayo de 2010

El cielo





N
o se está tan mal muerta. La verdad es que el único problema que tienes es aguantar las alas, que tiene su dificultad. Pero en cuanto te acostumbras, todo va sobre nubes. Lo único fue cuando vi por una mirilla a la tierra. Vi a mi marido llorar, mis hijos desconsolados y mis amigos tristes. No lo pude soportar. Días más tarde vi a la muerte pasear a sus anchas. Se paró en una de las puertas del cielo, miro por fuera, me imagino que para ver si había algún pretendiente de su baile. No lo pude evitar, y le empujé, tirándola directamente a la vida. Ahora tiene que trabajar, pagar la hipoteca y pasar estrecheces económicas. Que se joda.


La foto es de Google, si es tuya y no quieres que esté, dímelo y la retiraré inmediatamente

domingo 9 de mayo de 2010

Elefantiasis

Pues hasta que encuentre un reproductor de música que me guste... Clika si quieres

Todo el mundo tiene en la parte más escondida de su cerebro, un almacén de momias antiguas. Algunas salen a la luz y otras muchas quedan escondidas ahí, sin que ni tan siquiera nosotros mismos lo sepamos. Si salen o no, eso depende de la cantidad de cerrojos y candados que pongamos en sus puertas. Y dependen también de la posibilidad que tengamos de ponerlos en la plaza y torear con ellos. Creo que Raúl los ha sabido manejar muy bien. Porque con la escritura ha podido encontrar una forma de hablar de las momias universales encerradas en los sótanos más profundos de nuestro ser. Y de qué forma, oiga. Cada uno de los relatos de Elefantiasis habla de miserias, conflictos y vidas que bien podría ser las nuestras. Deformaciones de la conciencia, quizá. Y lo mejor, es que no puedes juzgar a los personajes, porque son así. Se les ve la sangre y las vísceras desde el primer momento. Son humanos, como nosotros, y tan deformes como (algunos) de nosotros sabemos ver.


Libro editado, vendido y recomendado por Librería La Clandestina
La foto es mía, retocada por Litos

miércoles 5 de mayo de 2010

Vida

Las salidas del trabajo son las mejores. Es como si intentáramos vivir lo que no podemos en ocho o diez horas de curro. A mí me gusta mucho salir e irme a tomar una cañita. No suelo estar mucho tiempo, como mucho 20 minutos. Me siento en la barra y respiro el aire viciado compuesto de humo y palabras. Muchas palabras. Y miradas, y gestos y personas. Siempre está la pareja que se mira con mimo, o los cuatro amigos que juegan al guiñote. El que te mira con curiosidad mas que con deseo y el que siempre está colgado al móvil. La chica que espera mirando a la puerta y la que se evade mirando por la ventana. Unos miran el fútbol, y otros a la camarera, que corre de un lado a otro de la barra, dando golpes a la cafetera y poniendo a lavar los tubos de los que ya se han ido. Como yo en breves. Vamos, pura vida.


La foto es de Jesse Auresalo


domingo 2 de mayo de 2010

Sombras





(Me encantó el debut... dale al play)


D
icen que cuando entraron en Hiroshima después de la detonación, hubo gente que no se la encontró jamás. Sin embargo, algunas sombras quedaron impresas en los edificios. E incluso se dice que aún se puede ver en sus paredes. Y, ya me perdonaréis, pero es un alivio el saber que tenemos una huella. Que cuando desaparezcamos, sepamos que puede haber una pequeña muesca de nuestra existencia por estos mundos. Igual hasta nos llevamos sorpresas al ver si hay gente que permanece a nuestro lado o no. Yo me imagino mi sombra pequeñita. Supongo que se dejará ver, pero será de esas sombras graciosas que si no te fijas bien, te la pierdes. Y tampoco será un drama que no la veas, mi sombra no tiene grandes cosas que ofrecer, pero espero que las tres o cuatro personas que se hayan dado cuenta, lleven la sonrisa puesta en la boca para el resto de su existencia.


La foto es un fotograma de la Película Hiroshima Mon amour