(Esto es muy bueno, dale al play)
Cuando era pequeña y mi madre, divertida, me preguntaba qué quería ser de mayor, no lo tenía claro. Quería ser médico, comadrona, enfermera, matrona y auxiliar de clínica. A los quince años ya me definí por la fisioterapia. Y lo conseguí. Recuerdo el primer día de prácticas en un Hospital. Me puse por primera vez mi pijama, mis zuecos y mi bata. Y salí al gimnasio, con la espalda bien erguida y el paso firme. Estaba en el camino de ser sanitaria, algo que había deseado desde que tengo uso de razón. Llevar bata blanca y ayudar, conocer gente. Cuidar. Curar. Por eso este libro me ha tocado más la fibra que otros. Porque son dos compañeras las que están detrás de esas letras. Y seguramente no nos conozcamos en la vida, pero somos del mismo gremio. De los de la bata blanca. En cada página, cada punto, cada coma, olía a sanitario. Sé lo que es, yo también he trabajado con oncológicos. Y es bello, duro, como algunos apartados de este libro, pero bello. Tan bello como mi bata blanca.


La Foto, preciosa como las demás, es de Salih Agir





