domingo 30 de agosto de 2009

El Corazón Helado



(Una De Mis Canciones Favoritas De La Guerra... Dale Al Play)

A mis abuelos, los cuatro, la guerra les pilló por sorpresa. Eran Obreros. Hijos de Obreros. Les tocó trabajar de aprendices sin apenas ir al colegio. La educación es cosa de ricos y ellos eran Obreros.
No entendían ni de política, ni de manos alzadas, ni de armas ,ni de puños cerrados. Pero les tocó pelear, les tocó una Guerra que ellos no empezaron pero si deseaban que acabara.



Que nunca te toque una guerra, era el deseo que mi abuela paterna nos decía cuando íbamos a merendar a su casa.

Ella no se fue a Valencia refugiada en el asedio de Teruel. Se quedó o más bien le tocó quedarse. Se escondía de las bombas con más civiles en los sótanos del actual Seminario, cerca de la torre San Martín de Teruel. De vieja, cuando oía fuegos artificiales, temblaba como una niña y se ponía a rezar. No era religiosa, pero el Run Run del padre nuestro le calmaba el recuerdo.
Mi abuelo materno era hijo mayor de viuda. No quería morir, tenía que cuidar de su familia. Alzó la mano cantando el Cara El Sol recomendado por su cuñado Falangista. Teruel era nacional y él se quedó en la retaguardia, en Intendencia. Sisaba comida para su madre y sus hermanos. Cuando terminó la guerra, quiso seguir siendo Obrero, y renunció al trabajo de oficina que la Falange le propuso. Jamás pisó una Iglesia, solo en las bodas de sus hijos. Jamás volvió a cantar el Cara El Sol, ni siquiera delante de su cuñado, de camisa azul.



Soy Obrero, mi color ya está definido por mi condición, yo solo salvé la vida, me decía cuando le pedía que me hablara de la Guerra.

Mis padres nacieron nueve años después de la contienda. No pasaron hambre, pero si recuerdan el sabor de la leche en polvo y del queso americano que les daban en el colegio. Son un producto de la educación que el Régimen tenía. Los Rojos eran los malos, los que empezaron la Guerra, los que quemaban Iglesias y violaban a monjas. Ellos lo empezaron todo.



Cuando les digo que los rebeldes del Estado Republicano fueron los Nacionales, que se levantaron en un golpe de estado en el 36, me mandan callar. Cuando les digo que la libertad no es tener pan, si no la posibilidad de elegir tu propio pensamiento y defenderlo con la dialéctica, jamás con las armas, bajan la vista.
Ellos se deslomaron a trabajar para que yo pudiera elegir, para que yo tuviera toda la información. Ellos me dieron la Libertad. Libertad hasta para discrepar con ellos, algo que mis padres no pudieron hacer con los suyos. Fueron de las familias que callaron por miedo y por no meterse en líos. Con sus ideas, quizá, pero de puertas para dentro.



Y no soy capaz, ni lo seré, de juzgar a mi abuelo por alzar la mano sabiendo que era de puño cerrado, ni reírme de mi abuela, por llorar cuando tiraban un petardo, ni menospreciar a mi madre, aunque siga pensando que con Franco se vivía mejor. Porque cuando el miedo, el hambre y la guerra se ceba con toda una generación de una familia, el juzgar lo que pasó es lo de menos. Lo de más es celebrar que, al menos nosotros, lo podemos recordar.

Reflexiones Después de Leer El Corazón Helado, de Almudena Grandes, comprada en la mejor librería del País, La Clandestina

LasImágenes Son De Google, Si Son Tuyas Y No Quieres Que Estén, Dímelo Y Las Retirerá Inmediatamente

miércoles 26 de agosto de 2009

El Hijo Del Cristalero



(Pedazo Versión Del Preacher Man!... Dale Al Play)

Por las mañanas, cuando mamá me llamaba para desayunar e ir al colegio, siempre miraba bajo las sábanas. Sabía que algunos niños se hacían pipí en la cama. Yo rezaba con los ojos fuertemente cerrados para encontrarme los bajos húmedos, pero no. Estaban ahí y sentía muchísima vergüenza. Me levantaba de un salto, salía al pasillo que daba a la cocina para ver si mi mamá estaba por ahí, cerraba la puerta de mi habitación y recogía los pedacitos con la mano. Me iba al baño y los tiraba por el water, tirando de la cadena. Me quedaba mirando el remolino y viendo como desaparecían.



Me pasaba las clases del cole sin atender a la maestra pensando el porqué aparecían todas las mañanas en mi cama trozos de cristal. No recordaba si me levantaba, ni el sueño que hubiera podido tener.



Por las tardes hacía los deberes con mi mamá. Papá siempre tardaba en venir y, la verdad, no le echaba de menos. Lo veía como un señor que venía y cenaba. Me preguntaba si hacía las tareas y si me portaba bien en el colegio, me mandaba ser obediente. No es que no le quisiera, pero me daba miedo. No le tenía respeto, solo me infundía terror.
Pero una tarde cuando llegó a casa, una ola de culpabilidad invadió mi cuerpo. Era como una descarga eléctrica que subía desde mi tripa hasta la cabeza. Lo vi venir a darme un beso y yo sentí ganas de llorar, pero me aguanté porque sabía que nadie me iba a entender.



De repente, como si hubiera sido una alucinación, supe que por las noches mataba a mi padre en sueños, destrozando todos los vidrios que él hacía durante el día en su taller. Los rompía con ganas, con furia, con deseo de que desaparezcan. Los que él soplaba por las mañanas, en sueños yo lo rompía. Porque sabía que él no podría saber quien era el que le odiaba tanto.
Y nadie más lo sabía, porque yo solo rompía las copas, y recogía los cristales que atravesaban mis sueños y se posaban en mi cama. Y ese mismo día sentí que me hacía mayor.

Las Ilustraciones son De Julie Morstad

domingo 23 de agosto de 2009

Besos No Dados



(Voy A Sincera, buscándo una canción me he encontrado con esto y me ha gustado... Dale Al Play...)

Me gustan los besos, me gusta besar.



Me gusta sentir en mi piel otros labios, ya sea de un amigo, de un amante o de mi madre. Mi piel se queda impregnada del cariño del otro. A veces me imagino que un espectro de los labios que me han besado alguna vez se ha quedado para siempre en mi. Y me gusta repasar los sitios donde almaceno los besos dados. Como mi cuello para amantes esporádicos o mis mejillas para abuelas desaparecidas.



Y entonces me da por pensar dónde se irán los besos que no damos. Esos besos que deseamos dar y al final se quedan en el final de los labios, carcomiéndose por dentro. Me pregunto cómo saben, cómo huelen esos besos que no llegan al final de una piel. Muerdo mis labios pensando en esos besos nunca dados, y pienso que se puede quedar ahí, como una gangrena y los lanzo al aire. Pienso que son como pequeñas brisas que pueden ir a parar en labios, piel y mejillas de desconocidos.



Quizá ellos, una mañana, se encuentren con esos rastros de besos fantasmas y será un agradable misterio, tanto para ellos como para mi... El saber que mis besos pueden parar en cualquier piel...



Incluso en la tuya.


Las Fotos Son De Marylin Minter

miércoles 19 de agosto de 2009

Cotidianidades



(Pues mira, es una canción que por las mañanas algo alegra... Dale Al Play)

El lunes me llevé un susto de muerte. Cuando llegué a la parada del autobús para aparcar mis huesos en mi trabajo, vi que, de los siete habituales que coincidimos en hora y lugar, sólo quedábamos tres. Al principio me inquieté, pero pensé que era más temprano de lo normal. Miré la hora en mi móvil y vi que no. Probablemente los esquiroles que no iban a levantar el país ese día iban a fallar en los siguientes, dejándonos solos a ese trío que aguantaba trabajando las últimas semanas de Agosto.



No me extraño ver a mi Raquel, una joven de pelo rizado, pulcro y arreglado. Con gafas de pasta y siempre vistiendo de negro, que trabaja en algo relacionado con la química en una empresa cercana a mi parada. Ha empezado hace poco, lo sé porque siempre está con muchos papeles que repasa en la marquesina o en el bus, de indicaciones que debe aprenderse de memoria, muchas veces a la pobre la oigo resoplar.
Si que me resultó curioso ver a Don Mateo, a estas alturas del verano debería estar en la playa con su mujer, mientras sus hijos disfrutan de las fiestas de los pueblos con sus amigos. Están en esa edad en la que pasan de hacer planes con ellos. Quizá con la crisis que está cayendo por mucho que el Gobierno se empeñe en decir lo contrario, se haya quedado sin vacaciones al tener que cuadrar las cuentas de la mediana empresa en la que seguro trabaja. Llevará la administración económica porque siempre va con un maletín de piel marrón, viste informal pero arreglado, con pantalón de pinzas y camisa de manga corta de colores suaves, y sin corbata. Su cabeza está coronada por una calva que comienza por la frente y no ha acabado aún. Los pelos que recubren su nuca están peinados al detalle por las mañanas, cuando coincide conmigo. Le gusta su trabajo, siempre va con una sonrisa a trabajar aún a las siete y media de la mañana.



Llega el bus y me relaja ver a Mari, la conductora con la que coincidimos muchas mañanas. No le debe gustar mucho el curro o no le motiva madrugar, porque raramente responde a mi enérgico Buenos Días que le dedico cuando pico mi bono. Conduce tirando a brusca, parece que se divierte atacando nuestro precario equilibrio. Con ella siento una mezcla de sentimientos, me gusta que una mujer conduzca, son pocas las que se dedican al volante de una manera profesional. Pero es tan cafre con el freno y el acelerador que muchas veces acabo pensando si es apropiado que una mujer se dedique a conducir un vehículo de grandes dimensiones. Muchas veces con un solo golpe al volante puede batir el pobre café con leche que mi cuerpo admite a las siete menos cuarto de la mañana.
El auto va por las calles medio desiertas de la ciudad, es curioso como en Agosto se llega antes a los destinos y cada vez menos gente sube y baja, no están las enfermeras que estaban este invierno, que se bajan en la parada del Hospital, ni los adolescentes que estudiaban en el trayecto al Instituto, y la verdad es que los echo de menos, porque durante un trayecto de menos de 20 minutos, despiertan mi curiosidad y hacen que me invente vidas.



Y bajo en mi parada, justo al lado del Parque que me gustaría visitar si no trabajara. Bajo siempre con Tomás, un currante con bandolera de tela, parecida a las que usaba yo a los 11 años. Tiene dentro el bocadillo o el tupper que su mujer le prepara casi con seguridad por las mañanas, porque se debe levantar para poder dar a su marido la comida, siempre de su gusto, para eso se pasa en la obra cerca de 12 horas diarias. Llevamos tanto tiempo compartiendo viaje que ya nos despedimos con sonrisa tímida en la boca, deseándonos en voz baja un buen día.
Y voy hacia mi trabajo, pensando en todos los personajes que viajan conmigo todas las mañanas, repasando mentalmente a los que faltan.
Y me pregunto si Tomás, Raquel, las enfermeras, Don Mateo o Mari fantasean con mi vida como yo hago con la de ellos.

Las Ilustraciones Son De Aquí

domingo 16 de agosto de 2009

Miradas



(Va Bien Para Ambientar El Texto... Dale Al Play!)

No supo qué pasó ese día, pero cuando salía a hombros en medio de una gran algarabía por haber hecho la faena de la tarde (dos orejas y un rabo), una mirada se cruzó con la suya. Hace años, su trabajo era considerado valiente, sus antecesores tenían el respeto de los hombres y la admiración de las mujeres. Pero desde hacía un tiempo, y gracias a esas modas ecológicas que poco o nada saben de valentía ni de respeto, mucha gente esperan a los toreros a la salida de la plaza con carteles, silbidos y muy poca educación. Mezclándose y ganando en muchas ocasiones al griterío de los que están a favor de la fiesta taurina.



Pero esa mirada no pertenecía a una jipi odiosa, a pesar de que estaba en ese grupo y movía los labios al son de los berridos de su manada. Era una mirada gitana, profunda, de esa que parece que con solo dos pestañazos ya saben todo de uno.

Se sintió tan hipnotizado que no pudo más que girar su cuerpo con sonrisa bobalicona mientras la miraba de arriba a abajo. Tan embelesado estaba que el rabo se le cayó. Tardó unos minutos en darse cuenta, pero bajó de su apoderado y miró el suelo buscando su tesoro y señal de triunfo de la tarde. Estaba justo a los pies de la morena de ojos azabache. Y es que tal y como están los tiempos, su trabajo es peligroso tanto fuera como dentro de la arena. En la plaza, tiene un duelo a muerte con el toro, aunque parezca una frase hecha, es así. Puede estar tanto o más asustado que él, aún con el estoque, pero no tienen el dominio que tiene la res con sus cuernos. Por eso ese rabo era importante, era el tesoro a una gran faena llena de calamoches peligrosos, de canguis de los compañeros y de cumplir con su matanza a deseo del personal.

Sin dejar de mirar a la mujer de bellos y oscuros ojos, se acercó a ellos haciendo caso omiso de los silbidos que que salían de sus labios. Quería recoger el rabo sin dejar de mirar a la gitana, agachándose para perderse en su mirada negra.
Con el influjo de esos ojos, no vio cómo uno de ellos sacaba un estoque muy parecido al que había usado el torero en la faena y lo elevaba hacia lo alto como un tótem libertador. El torero seguía perdido en la gitana y no sintió dolor, sólo un pinchazo en la parte alta del cuello, y un frío en la espina dorsal que le indicaba que el fin estaba cerca, pero no le llegó a importar mucho, seguía estremecido con esa mirada que acabó con él como acababa él con sus presos en la arena, sentado, sangrando por la boca y sin saber muy bien qué demonios hacía ahí.


Las Imágenes son de Google, si son tuyas y no quieres que estén aquí, dímelo y las retiraré inmediatamente


miércoles 12 de agosto de 2009

Mi Torre De Marfil



(Son De Los CLásicos De Toda La Vida... Si, De Los De Ponerse De Rodillas... Dale Al Play!)

Cada día me gusta más escribir, además en papel que luego paso - o no - al papel virtual de mi blog.
Me gusta deleitarme con las letras, y mi afán por hacerlo bien hace que las repase una y mil veces. Esto hace que mi mirada se vuelva mas fina, captando siempre la historia potencial. La retengo en mi retina de la sustancia gris y permanece latente en algunos casos, en otros me urge tanto que enseguida me tengo que poner a escribir de una forma casi febril.

Y me doy cuenta que tengo hasta manías de escritora. El otro día descubrí que tengo hasta mi propia Torre de Marfil, un sitio donde me aparto de la realidad e invento mi propia verdad. Mezclada con zumos de melocotón, cerveza, tinta de boli y mi moleskine.



Este bar está a dos minutos de mi trabajo de tardes. Cuando entras, una nube de humo se mezcla con el aire acondicionado. El ruido de las conversaciones cruzadas en tono medio se mezcla con una excelente selección musical. Unas veces es rock sureño, otras veces es blues y las más, pop inglés.
El camarero con el que coincido sabe mis costumbres mucho mas que yo. Aunque parece joven, lleva en el ramo casi la mitad de su vida. Su pelo enmarañado y su eterno cigarrillo en los labios me murmura las buenas tardes, mientras me pone mi cortado con hielo si son las cuatro de la tarde, mi zumo si son las seis,o mi cerveza si son las ocho. Me lo pone en la barra porque sabe que me siento en una de las mesas mas apartadas del bar. Cerca de la puerta, al lado de la ventana, sentada en un banco de madera.

Pongo mi bebida en la mesa, al lado de la ventana, saco mi libreta y mi boli, controlo la hora con mi móvil y me aparto un rato de lo que me rodea para escribir. Los murmullos de la gente y las guitarras de fondo se sitúan en un segundo plano. Mi mirada, alerta a lo que ocurre a mi alrededor, se concentra en las páginas de mi moleskine. Comienzo a crear.



Muchas veces paro y miro alrededor con sabor a zumo. Reconozco algún tema que saboreo como un manjar y miro con complicidad al camarero. Gracias a él pienso que la cultura musical en España aún se puede salvar.

En algunas ocasiones la realidad golpea mis oídos con una conversación más alta, una risa estridente o los gritos de rabia de los jugadores de guiñote del fondo del bar, pero no me estorba demasiado porque mi mirada/radar está alerta para captar nuevas historias. Como el chino que se pasa las tardes jugando a la máquina tragaperras, el chaval que entra y compra tabaco deprisa y mirando hacia los lados o el negro que entra vendiendo Dvds con la mirada perdida.

Y sé que estas historias se quedan en la retina gris de mi cerebro, esperando a salir. En tinta del boli y fraguadas en mi Torre de Marfil particular.

Las Fotos Son Mías, Siempre Mejoradas Por El Maestro Litos

domingo 9 de agosto de 2009

El Olor Del Éxito



(Para Contar Cuentos Es De Lo Mejor... Dale Al Play...)






Lo podía haber tenido todo. Tenía potencial, mala leche y pocos escrúpulos.
Pero la vida puede ser un error tras otro, y él cometió el peor de todos: querer salir de la mierda.
Primero vendió todo lo que tenía a precio de basura, dejó su lucrativo trabajo de comercial de sustancias prohibidas y dejó de verse con los amigos (pocos) del gremio.
Cambió de ciudad, ocupó un portal de una calle obrera y se hizo invisible. Vive con lo mínimo, no le da importancia a nada y sabe que cuando camina, la gente con la que se cruza mira hacia otro lado.
Pero a pesar de todo, un olor de éxito emana de su paso. La mirada, aunque perdida, huele a césped recién cortado.
A persona que, aunque no lo parezca, ha hecho siempre lo que mas le ha apetecido.

La Foto Me La Han Dado, Y Este Cuento Es El Regalo...

miércoles 5 de agosto de 2009

Milagro



(De Lo Más Clásico Del Trip Hop De Bristol... Dale Al Play...)


Sus Ojos Se Clavan En Mi Piel De Cristal
De La Curiosidad Pasó Al Cariño
Del Cariño Al Deseo
Y Se Abrió Un Agujero Rojo



Sentí Vértigo y Miedo
Y Ahora, No Quiero Despertar De Este Sueño
Quiero Pensar Que Esto Es Real
Y Quiero Seguir Sintiendo Este Vértigo
Cada Vez
Que
Sus Ojos Se Clavan En Mi Piel De Cristal

La Foto Es de Chiru Andreea

domingo 2 de agosto de 2009

Ginko



(Son Canciones que no sabes de dónde salen, pero te acompañan... Dale Al Play)

Los sanitarios vamos de Blanco, excepto honrosas excepciones como son quirófanos y la UCI. Leí por ahí que es un color que confiere pureza y respeto, pero yo creo que mas bien es un escudo para parecer ajenos al dolor que, muchas veces, nos rodea.
Pero no estamos tan inmunizados de la patología, muchas veces me despierto con las cervicales ateridas del dolor, y necesito que alguien me mueva, me toque, me mime... Eso si, con bata Blanca.



Sin embargo,cuando le cuento a mis pacientes esto, se sorprenden. Es curioso como ellos se extrañan de que la persona que les atienda tenga esos visos de humanidad... si,a mi me duele la espalda.
Y no veo mal que, de vez en cuando, nos quitemos de forma alegórica, ese escudo blanco. Cuando mi padre fue atendido de su infarto en la UCI del H.C.U de Zaragoza, la cardióloga que le atendió le confesó que había tenido dos. Para mi familia, la visión imponente de esa mujer de Blanco entre tubos y monitores, cambió para ser ese ser humano que había pasado por lo mismo que nuestro padre. Su recuperación podría ser posible, la médico era la prueba palpable de ello.
Sin embargo, quitarse esa bata Blanca es un acto de responsabilidad enorme. El mostrar esa parte frágil de nuestro interior para empatizar con el paciente no se hace en todos los casos, pero puede ser muy positivo para que él pueda agarrarse a algo si está muy perdido. No solo podemos asistir clínica y asépticamente, podemos servir de espejo para poderse ver de una manera natural y adecuada.



Este libro habla de la odisea que pasa esta mujer, Ginko Ogino,para ser médico en el Japón de finales del siglo XIX. Lo decide después de ser tratada de gonorrea. Personalmente me parece un libro plano. Describe a la perfección la sociedad japonesa y los avatares de esta mujer para conseguir hacer un trabajo considerado de hombres al ser superior intelectualmente. Pero no profundiza en el deseo de ser sanitario, de querer empatizar con el paciente. De cuidarlo y conducirlo hacia la curación, algo que está muy presente en nuestro día a día, por mucho que muchos se empeñen en mostrar lo contrario.



No todo el personal sanitario y/o facultativo está preparado para despojarse de su bata, hay algunos que o bien no quieren o bien no pueden, porque es un acto de madurez. El El saberse humano en un lugar en el que tiene todo el poder, y despojarse conscientemente de su escudo Blanco, nos hace avanzar no solo en el plano personal, si no también en el profesional.

Las Fotos Son De Sue Anna Joe
No está adquirido en la Librería La Clandestina, pero seguro que si se lo pedís, ellos lo consiguen