(Conocí a U2 Gracias A Mis Viajes A Valencia... Imprescindibles... dale Al Play)
Es bonito el viaje de la vida, encontrarte con gente, conocerlos, aprender de sus cosas, meter experiencias en la maleta, y aligerar su peso quedándote siempre con lo bueno.
Es agradable disfrutar del viaje, sintiendo los acelerones, saboreando las pausas, siempre con la mirada al frente, haciendo planes o dejándolo fluir...

Pero en ocasiones, el árbol en el que nos convertimos necesita mirar sus raíces, encontrándose con otras almas, con los que compartes parte de la savia de la que se ha alimentado tu pasado.
Se conocieron en París, ella trabajaba en una casa, él buscó a su padre, maqui republicano. Volvieron a España cuando murió el Generalísimo y se instalaron en Valencia, fundando una empresa de fontanería para comer y criando tres niños para continuar la saga.
Y los mejores veranos de mi infancia huelen a Malvarosa, saben a fartons y se escucha el eso de las risas de mis primos.

Pero mi tío rojo republicano perdió la batalla contra en cáncer y nos dejó, les dejó huérfanos de su presencia, y entramos en la edad adulta llena de velocidad, prisas, idas y venidas. Nuestro viaje particular comenzaba, divergentes por una separación puramente geográfica.
Y en ocasiones nos encontramos, y veo los rasgos de mi cara en la cara de mi prima, noto mi sensibilidad cuando mi primo me toca, oigo mi risa absurda en las bromas de mi primo.
Es agradable disfrutar del viaje, sintiendo los acelerones, saboreando las pausas, siempre con la mirada al frente, haciendo planes o dejándolo fluir...

Pero en ocasiones, el árbol en el que nos convertimos necesita mirar sus raíces, encontrándose con otras almas, con los que compartes parte de la savia de la que se ha alimentado tu pasado.
Se conocieron en París, ella trabajaba en una casa, él buscó a su padre, maqui republicano. Volvieron a España cuando murió el Generalísimo y se instalaron en Valencia, fundando una empresa de fontanería para comer y criando tres niños para continuar la saga.
Y los mejores veranos de mi infancia huelen a Malvarosa, saben a fartons y se escucha el eso de las risas de mis primos.

Pero mi tío rojo republicano perdió la batalla contra en cáncer y nos dejó, les dejó huérfanos de su presencia, y entramos en la edad adulta llena de velocidad, prisas, idas y venidas. Nuestro viaje particular comenzaba, divergentes por una separación puramente geográfica.
Y en ocasiones nos encontramos, y veo los rasgos de mi cara en la cara de mi prima, noto mi sensibilidad cuando mi primo me toca, oigo mi risa absurda en las bromas de mi primo.
Somos árboles de distintos bosques ya, pero con las raíces unidas por algo más que un código de Adn
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