(Cuando Se Ponían A Hacer Cosas Buenas, Eran Los Mejores... Dale Al Play)
Más que una casa, parece una habitación, 30 metros cuadrados entre cama, cocina, váter, ducha y una pequeña televisión siempre enchufada que le sirve para comunicarse con un mundo que ni entiende, ni lo intenta.
Trabaja en un taller de relojería de aparatos antiguos, podría dedicarse a diseñar, pero eso competería mirar a los ojos de la gente, y él se encuentra cómodo en ese universo infinito de cuerdas, manecillas, manillas y círculos.

De rutina maniática, se levanta, se ducha, desayuna, se viste y se va a trabajar, cronometrando cada segundo con el tic/tac de su vida, pausado, sin pausa pero inexorable.

Y antes de entrar a su trabajo siempre pasa por la oficina de correos, saca su llave diminuta de su bolsillo interno de su chaqueta y abre su cofre... pequeño y oscuro, su apartado de correos es su ventana al mundo.
Hace unos años, todos los primeros de cada mes tenía una carta, matemática, discreta, corta y concisa, como los relojes que arregla, de un familiar que le contaba lo que acontecía en su vida.

Pero hubo un día, un mes, una hora, que las cartas dejaron de llegar, al principio creía que se podría deber por un retraso del sistema, no todo iba a resultar como sus relojes, pero día tras día comprobó que no llegaba ninguna carta, que en ese pequeñito agujero que era su cordón umbilical con el mundo, no había nada cada mañana...
Su rutina tan precisa se había roto, y él solo deseaba meterse dentro de su apartado de correos para saber qué había ocurrido con ese familiar.
Trabaja en un taller de relojería de aparatos antiguos, podría dedicarse a diseñar, pero eso competería mirar a los ojos de la gente, y él se encuentra cómodo en ese universo infinito de cuerdas, manecillas, manillas y círculos.

De rutina maniática, se levanta, se ducha, desayuna, se viste y se va a trabajar, cronometrando cada segundo con el tic/tac de su vida, pausado, sin pausa pero inexorable.

Y antes de entrar a su trabajo siempre pasa por la oficina de correos, saca su llave diminuta de su bolsillo interno de su chaqueta y abre su cofre... pequeño y oscuro, su apartado de correos es su ventana al mundo.
Hace unos años, todos los primeros de cada mes tenía una carta, matemática, discreta, corta y concisa, como los relojes que arregla, de un familiar que le contaba lo que acontecía en su vida.

Pero hubo un día, un mes, una hora, que las cartas dejaron de llegar, al principio creía que se podría deber por un retraso del sistema, no todo iba a resultar como sus relojes, pero día tras día comprobó que no llegaba ninguna carta, que en ese pequeñito agujero que era su cordón umbilical con el mundo, no había nada cada mañana...
Su rutina tan precisa se había roto, y él solo deseaba meterse dentro de su apartado de correos para saber qué había ocurrido con ese familiar.
Las Fotos Son De Google, Si Son Tuyas Y No Quieres Que Estén, Dímelo Y las Retiraré Inmediatamente
























