(En este Caso, Lo Mejor de la Canción es la letra, ¿verdad Agustín?)
Hay libros que se leen, letras que se devoran, historias que se degustan, y algunas veces, solo algunas veces, las hojas te susurran.
Lo conocí por un amigo en común, leía sus historias en privado, sin decirle nada, hasta que me lancé… me parecía un caballero andante, de los de postín y con bigote, siempre atento y siempre cabal, a veces irónico, a veces lánguido pero con unos sentimientos nobles que se entrevén entre las líneas.

Y yo que soy agnóstica hasta para mis propios sentimientos ( y especialmente de ellos, no lo voy a negar), no me pude creer cuando me anunció, en privado, que había cambiado de blog, había pasado de ser caballero andante a esclavo, de pensativo a activo, hablaba de sexo pero no en un blog erótico al uso, se notaba amor detrás, hablaba de sentimientos primarios tan lejanos aún de mi pero que palpitaban en mi recuerdo, porque los he sentido, porque los quiero volver a sentir y porque aún me queda mucho por saborear, y Saturnalia, amablemente, me respondía en privado muchas de las cuestiones que le lanzaba… alguien detrás del monitor tecleaba las letras en su ordenador y tocaba mi conciencia como caricias.

Sin querer y a mi pesar, seguí dando más pasos, y me compré el libro que escribió, El Retiro de Diógenes, quizá para intentar acabar la escalera de caracol que es su perfil, porque aquí ya el que lo firmaba era él… Agustín De Las Heras Martínez.
Y en cierta manera este libro no lo he leído, este libro lo he saboreado porque sentía que ellos (los tres) me susurraban palabras a mi oído, en muchas formas tocaban mi alma y me dejaban sin respiración, letras que rebotaban en mis sueños cuando dormía, mecían mis reflexiones y me emocionaban… ¿puede un conjunto de letras hacerte sentir?

El cuento de Diógenes empieza solo en el retiro, conoce personajes que van entramando sus reflexiones, va creciendo a medida que las ardillas comen y el tiempo pasa, disfrutando del presente, debajo de ese Olmo que sabe mucho mas de la vida que cualquiera de los humanos despistados que pasan a su lado.

¿Y Agustín? Todo un caballero con armadura a estrenar, mirada despierta y atractivo por lo que te susurra, como pude comprobar in situ el día que compartimos oxígeno en una presentación cualquiera.
Lo conocí por un amigo en común, leía sus historias en privado, sin decirle nada, hasta que me lancé… me parecía un caballero andante, de los de postín y con bigote, siempre atento y siempre cabal, a veces irónico, a veces lánguido pero con unos sentimientos nobles que se entrevén entre las líneas.

Y yo que soy agnóstica hasta para mis propios sentimientos ( y especialmente de ellos, no lo voy a negar), no me pude creer cuando me anunció, en privado, que había cambiado de blog, había pasado de ser caballero andante a esclavo, de pensativo a activo, hablaba de sexo pero no en un blog erótico al uso, se notaba amor detrás, hablaba de sentimientos primarios tan lejanos aún de mi pero que palpitaban en mi recuerdo, porque los he sentido, porque los quiero volver a sentir y porque aún me queda mucho por saborear, y Saturnalia, amablemente, me respondía en privado muchas de las cuestiones que le lanzaba… alguien detrás del monitor tecleaba las letras en su ordenador y tocaba mi conciencia como caricias.

Sin querer y a mi pesar, seguí dando más pasos, y me compré el libro que escribió, El Retiro de Diógenes, quizá para intentar acabar la escalera de caracol que es su perfil, porque aquí ya el que lo firmaba era él… Agustín De Las Heras Martínez.
Y en cierta manera este libro no lo he leído, este libro lo he saboreado porque sentía que ellos (los tres) me susurraban palabras a mi oído, en muchas formas tocaban mi alma y me dejaban sin respiración, letras que rebotaban en mis sueños cuando dormía, mecían mis reflexiones y me emocionaban… ¿puede un conjunto de letras hacerte sentir?

El cuento de Diógenes empieza solo en el retiro, conoce personajes que van entramando sus reflexiones, va creciendo a medida que las ardillas comen y el tiempo pasa, disfrutando del presente, debajo de ese Olmo que sabe mucho mas de la vida que cualquiera de los humanos despistados que pasan a su lado.

¿Y Agustín? Todo un caballero con armadura a estrenar, mirada despierta y atractivo por lo que te susurra, como pude comprobar in situ el día que compartimos oxígeno en una presentación cualquiera.
Las Fotos Son de Eric Rondepierre























