(Me encanta... dale al play)
Todas las noches se acostaba con ella. Le esperaba en la cabecera de su cama, desnuda y tranquila. Se abandonaba en la palma de su mano. Acababan siendo uno con tan solo dos sorbos. No era sexo lo que les unía, era algo más orgánico, unos segundos de placer. Eran horas. Eran sueños sin interrupciones. Toda una nube blanca de recuerdos que se querían evaporar. Desde que Irene se fue, era lo único que le conectaba con él mismo. Su pastilla para dormir.
La foto es de Anne Noble, vía Kay
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